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 Perros de excremento

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JCLeón
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Revolución de tinta
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Mensajes : 472
Tinta : 3

MensajeTema: Perros de excremento   Lun Nov 13, 2017 4:27 am

Nota: No voy a mentir, este escrito es bastante viejo, participé una vez en un torneo con él y aunque solo logré el segundo lugar, es un relato que me encantó hacer, inicialmente se llamaba Perros de Excremento, cuando era una historia mas larga, pero decidi presentar la primera parte del relato como una sola parte y titularla “Otro día de mis día”. Si tienen ganas de leer algo un poco extraño y medio aberrante, les encantará, si son un poco sencibles me odiarán. De cualquier forma, espero que lo disfruten se desarrolla en Satania, la ciudad ficticia que cree para mi novela que aun no termina jajaja. Comenten, denle like si les gusta o compártanlo con otros.

Otro Día de mis Días


El hombre harapiento lleva un sombrero y va descalzo al igual que el resto de los presentes. Una pequeña astilla de madera sobresale húmeda de entre sus dientes amarillentos. Me mira a los ojos, parpadea con lentitud, escupe a un lado y dice que es mi turno. Una multitud de ojos tristes e inyectados en sangre observan el juego. Todos visten prendas viejas y sucias. Todos apestan a sudor rancio y alcohol barato. A mis pies y debajo de una plancha de vidrio, que quizá fuese de un ventanal en épocas mejores, se extienden una hilera de portadas de revistas viejas, pulseras, aromatizantes para autos, preservativos y algunos analgésicos.

Asiento con la cabeza mirando al sujeto del sombrero. Hace frío y el cielo oscuro a medio día promete una tormenta agresiva. Las ráfagas de viento arremeten contra nosotros y nos agitan la ropa como si quisieran arrancárnosla. Rasco el pavimento con las uñas de los pulgares de mis pies. Paso la lengua entre mis labios. Me siento nervioso, ansioso, casi temeroso… Tomo la última moneda que me queda. Observo primero el mar de ojos rojos y macilentos que están clavados en mí y luego me enfoco en los objetos que se extienden bajo la lámina de vidrio.

“Tengo una oportunidad”

Convierto mi brazo en un péndulo, las cabezas de todos siguen la curva que describo y en un milisegundo pienso en marionetas. Cuando estoy a punto de soltar la moneda, Roby me toma de la muñeca y me detiene.

Veo su mano huesuda sujetándome y entonces recuerdo que no es mi moneda la que arriesgo, sino la suya.

—El beso de buena suerte —dice Roby y me guiña un ojo al tiempo que se sostiene el pantalón, para evitarle al resto ver sus carencias físicas.

Hace algunos años que lo conozco.

Roby es un hombre muy delgado, tan delgado que sus costillas parecen franjas de cebra que como canales profundos y sombríos, se dibujan en la piel de su torso. Su cabello es castaño cuando está limpio y casi nunca está limpio. Generalmente su cabello es una enredadera tiesa a causa de la mugre, mezcla el grisáceo, el marrón, el negro y una especie de polvo blancuzco que se multiplica cuando se rasca la cabeza. Tiene una expresión de aburrimiento casi permanente; pero en este sitio esa expresión es lo de menos. Los ojos rojizos y a medio cerrar, así como también la boca babeante y entreabierta, son gestos comunes en este lugar.

La mitad del tiempo habla de tonterías fuera de lugar y sin sentido alguno, pero a veces a Roby se le ocurren buenas ideas.

Llevo la moneda hasta mis labios y le doy un beso. No un beso común y corriente como esos de saludo en la mejilla, sino uno más húmedo, como una mamada tipo garganta profunda—Ingrese en su buscador de confianza “Las putas a través de los tiempos, manual para la de hoy”, ingrese también “Chupadas de un hombre solitario y sin costillas”—. Meto la moneda dentro de mi boca y saboreo el sucio metal jugando a lavarlo con mi saliva.

Nervioso. Ansioso. Casi temeroso… Saco el disco plateado de mi boca y lo tomo entre el dedo índice y el dedo medio. Balanceo mi brazo y la moneda escapa de mi mano. El mar de ojos la sigue. Mientras viaja en el aire, el tiempo parece detenerse— En una película a esto se le conoce como ralentí o cámara lenta y se usa para enfatizar el drama de una escena que por sí misma no importa una mierda. En la vida real este fenómeno es apenas una sensación en tu cabeza, una mala interpretación de lo que en realidad está ocurriendo—. Es curiosa la cantidad de cosas que pasan por tu mente mientras una moneda cae al suelo y destila pequeños y espumosos copos de saliva, tantos recuerdos, ilusiones, sueños, metas y esa imagen imborrable de un barril de madera chocando contra el agua.

El pequeño disco de metal navega cortando el viento como suspendido en la nada por criaturas invisibles.

“¡La portada roja!”

Sí sueltas algo desde una altura cualquiera, ese algo se precipita a tierra en un momento determinado. No importa si es un ave, no importa si es un globo lleno de helio; si sube, baja, tarde o temprano. A este fenómeno los físicos lo llaman ley de gravedad; pero podría simplemente llamársele destino. Podría decirse que el destino de algo que sube, es caer, en algún punto del tiempo y también podría decirse que tanto el destino como la gravedad, pueden retarse, ignorarse, o modificarse.

La moneda se precipita y choca contra la plancha de vidrio. Debería deslizarse libremente y caer donde el azar indique. Debería, la moneda, tener un paradero incierto para poder echarle la culpa al destino y a la maldita ley de gravedad, pero el beso de la suerte cumple su propósito y la saliva amplifica el roce entre la moneda y la lámina de vidrio, entonces se detiene justo donde queríamos. Hemos modificado el destino.

La moneda, ahora destella húmeda y pegajosa sobre la superficie roja.

—¡Hemos ganado el premio mayor, Rich! —dice Roby, dándome una palmada en la espalda.



Roby me llama Rich, porque Rich es como le dije que me llamara cuando lo conocí.

Aquel día no quise dar mi nombre real y aunque algunos meses más tarde se lo dije, él siguió llamándome Rich. He cambiado mucho desde entonces. Mis pantalones parecen haber aumentado cinco tallas; sí, he perdido peso desde que vivo con él. Mi cabello es de color negro, sin embargo una irritación en el cuero cabelludo me ha dejado casi completamente calvo —Ingrese en su buscador “Urticaria crónica”, ingrese también la palabra “Sarna”—. Actualmente mi cabeza es una especie de tubérculo rosáceo y sangrante, con hebras de pelos negros ubicadas al azar que rasco con un cepillo de dientes cada vez que siento comezón. Mis ojos son negros, negros como la planta de mis pies, que están mugrientos de tanto ir descalzo. Solía ser un hombre apuesto o eso decían las chicas con las que salía. Destino y fuerza de gravedad, supongo que eso aplica para todo.

Roby se inclina y saca la portada roja de debajo de la placa de vidrio. La portada está arrugada, húmeda y tiene manchas de grasa por todas partes. En ella hay una chica de ojos azules sonriendo mientras desayuna cereal de hojuelas de maíz con leche. La expresión de su rostro me hace creer que un simple desayuno no es otra cosa que una utopía inventada por los comerciantes, como el viejo idiota de los regalos en navidad, el mismo que pillas una tarde tirándose a tu madre en closet mientras tus hermanitos abren regalos en la sala de estar. Ver sonreír a la chica de la caja, mientras come su cereal, me hace pensar en lo tonto que es pedir deseos a las estrellas mientras yaces tirado en un trozo de cartón maloliente y los parásitos te devoran el culo, olvidado en esa dimensión invisible en la que lo simple comienza a parecerte irreal.

No es de sexo de lo que trata esta historia y sin embargo comienza en un día en el que hay sexo por todas partes.

Masturbarse mientras ves a una chica que desayuna hojuelas de maíz con leche, no es la forma más decente ni placentera de tener sexo, pero es lo mejor que tenemos por ahora. Esa portada será lo más cercano a la pornografía que tendremos durante semanas. Mi compañero dice que el hombre tiene dos cerebros: uno que procesa y actúa y otro que simplemente impulsa.

Dice Roby, que al cerebro que te impulsa lo llamamos verga y que es el cerebro que más utilizamos. Por ejemplo hubo una época en la que nos tirábamos a una vieja alcohólica, pero yo deje de hacerlo cuando se le salió un prolapso en mi boca durante un alocado e inolvidable sesenta y nueve. A lo que sabe un prolapso es a Sushi descompuesto y luego de haber probado ambas cosas, no elegiría una en particular por su sabor; pero me quedaría con el prolapso si es que la chica en cuestión me deja hundírsela un par de minutos.

Roby asegura que el hombre es el sexo débil, porque si la verga se te pone dura no hay marcha atrás. Te conviertes en un animal y solo piensas en hundirla en alguna parte. Queso, dice él que en la mente de un hombre con la verga dura, el mundo, la vida y el universo se transforman en queso, un queso gigantesco y oloroso donde lo más importante son los agujeros. Entonces no existe modelo femenino descartable y los coños lucen iguales ya sea que estén depilados, peludos o inundados de pústulas u hongos malolientes y mortales.

Con el tiempo a Roby le creció una verruga en la verga. Comenzó sentir ardor y a orinar sangre en los callejones, lo que sumado a la incontinencia era un verdadero fastidio, pero no dejó de tirarse a la puta alcohólica hasta que la verruga tomó el aspecto y el tamaño de una papa. Decía que cada vez que tenía una erección era como si intentara levantar con el pene, una bolsa llena de clavos, entonces y sólo entonces, dejó de tirarse a la desgraciada.

Nada importa si la tienes dura. Roby y yo debimos sospechar que algo andaba mal cuando descubrimos ese color verde moho en las entrepiernas de ella, pero la teníamos dura y la hundimos. Instinto. Gravedad. Destino. La misma mierda de siempre…

El beso de la suerte nos ha dado hoy un par de semanas de sexo gratuito y seguro. Si Dios existe, fue él quien guió la moneda hasta el lugar adecuado. Dios nos ama y nos aleja del peligro. Dios nos da pornografía y seguridad.

Es en un callejón, dentro de unas tuberías de concreto, donde nos resguardamos de la lluvia. La tormenta comienza a la una de la tarde y no deja un puto espacio seco. El agua inunda cada callejón de la ciudad y deshace cada cama ultra delgada que es como Roby llama a los pedazos de cartón donde dormimos.53cdaa0bd3854187adbec249d50470b0.jpg

Mi compañero tiene una mano dentro del bolsillo y la sacude rápidamente mientras que con la otra sostiene la portada roja.

—Si dejas de verme terminaré más rápido —me dice mientras sacude.

Una tormenta significa una noche fría, húmeda y llena de mosquitos.

Roby dice que en cuanto él termine yo podré usar la portada de nuevo; pero francamente no estoy interesado.

Una tormenta, dada nuestra situación, significa que vamos a necesitar un anestésico para conciliar el sueño y resistir el frío. Necesitar un anestésico quiere decir que hay que inhalar pegamento para zapatos.

Una sombra de humedad comienza a crecer en la bragueta de los pantalones de Roby y en ese momento deja de llover. También en ese momento, el rostro de una niña aparece en el umbral de túnel.

—Hola, tío Rich—La niña me llama Rich porque Rich es como todos me llaman en las calles. Me llama tío porque por alguna razón me considera su familiar— ¿Qué es lo que hace tío Roby? —. La niña me observa fijamente con sus ojitos tristes y llenos de venas rojas. La niña se llama Emily.

Emily debe tener nueve años o tal vez diez. Tiene los ojos grises y una mata de cabello castaño, grasoso, quebradizo y pegajoso. Emily vive en esta zona de la ciudad desde su nacimiento o eso he oído. Para cubrir el montón de huesos que constituyen su cuerpo, ella viste simplemente unas pantaletas, unas pantaletas que dejaron de ser blancas hace mucho tiempo.

Observo a Roby que trata de recuperar el aliento y sonríe con los ojos cerrados; aún tiene la mano dentro de su bolsillo. Vuelvo a ver a Emily, tan inocente de todo, tan indefensa, tan linda a pesar de las circunstancias…

—Ven aquí niña. Tío Rich te explicará todo —le digo. Ella se acerca tímidamente y se sienta junto a mí —. ¿Dónde está tu madre? —le pregunto, evadiendo el tema anterior y posando mi brazo detrás de su cuello. La atraigo hacia mi pecho en un abrazo. Su cabello huele a humedad y a mugre acumulada. La siento pequeña y frágil.

Ella señala con el dedo hacia la boca del tubo donde nos encontramos. Sé dónde se encuentra porque en breve todas las alimañas irán al mismo sitio. Nos ponemos de pie y salimos los tres de la tubería de concreto.

Una tormenta significa embotellamiento de autos en las vías y un embotellamiento quiere decir limosnas.

***



Perdidos en el mar metálico del tráfico vehicular, solo se mueven algunos puntos oscuros que tocan las ventanillas y extienden la mano abierta—En una película, habría de fondo una canción instrumental triste y emotiva. En este caso lo que se oye es el ruido de las cornetas de los autos y las maldiciones de los conductores—. La madre de Emily está parada al pie de un semáforo, vestida con trozos de tela sucios, húmedos y desgastados. Tiembla, tose y lleva un pedazo de cartón a la altura del pecho con letras escritas en carbón. “Tuberculosis” dice su cartel. “Se la chupo por comida” dice el de Roby. “Soy esquizofrénico” dice el mío.

En el río de autos varados por el embotellamiento, nosotros, perros sin correas ni dueños, intentamos ganar lo suficiente para comer o anestesiarnos de alguna forma.

Repito que no es de sexo de lo que trata esta historia y sin embargo comienza en un día en el que todo parece girar en torno al tema.

Sucia, desnutrida y hambrienta, Emily también luce un letrero a la altura de sus pechos planos. “Cinco centavos la hora” dice el suyo. Uno puede pensar que es cruel que una niña se prostituya por cinco centavos, pero la realidad es distinta a lo que dan a entender las apariencias. La realidad recurre a la moralidad y explota el sentimiento de pena de los conductores. Los autos se detienen, alguien abre una ventanilla y luego caen algunas monedas en las manos de la pequeña Emily.

—¿Por qué lo haces, nena? —pregunta alguien.

—¿Y tus padres? —pregunta otro

—Tengo hambre —responde Emily, con esa vocecilla temblorosa que ella tiene y siguen cayendo monedas en sus sucias manecitas y dentro de los autos algunos hombres y mujeres soltaran una que otra lágrima o se les hará un nudo en la garganta.

La realidad recurre al sentimiento de lástima.

Uno puede pensar que no habrá quien acepte la oferta de los cinco centavos por hora. Uno puede creer que no hay alguien lo suficientemente enfermo para sentir morbo por una niña, una niña que no es más que un pequeño saquito de huesos y es entonces cuando uno se equivoca estúpidamente. La pena y la lástima se convierten en lujuria y otras perversiones. La realidad te escupe en la cara.

Un auto negro se detiene. Se abre la ventanilla y aparecen unas manos con guantes de color rosa, una de estas manos sostiene un billete mientras la otra se mueve diciendo “acércate”. Emily se acerca para tomar el billete. Inocente. Huesuda. Frágil. Hambrienta… Un par de manos extra, enguantadas en negro, son las últimas en aparecer y entonces atrapan a Emily. Tiran de ella y la meten en el auto ahogando sus gritos, tal vez con una mordaza o un golpe en la cabeza.

Al otro lado de la calle y de rodillas en la acera, tosiendo, temblando y extendiendo su brazo esquelético hacia el auto negro, la madre de Emily intenta gritar por ayuda; pero el ataque de tos se lo impide. Maldita tuberculosis. Casi no puede articular palabras sin que una bola de sangre se le atore en la garganta y la haga toser.

No es algo desconocido. Lo hemos visto decenas de veces. Un auto llega y recoge a una prostituta que intenta ganar un poco de pasta de manera “fácil”. Un auto se detiene y una chica sube, ya hemos vivido eso. Días después nos hemos tropezado con chicas semidesnudas en las aceras. Hemos visto como los forenses arrancan con una espátula, las tripas pegadas al pavimento. Hemos visto a estos hombres sacar trozos de vidrio, empapados de sangre, de las entrepiernas de los cadáveres. No es algo diferente. Hemos escuchado las palabras “ultrajada”, “post-mortem”, “craneoencefálico”… También hemos tenido la oportunidad de ver las cabezas de las chicas abiertas de par en par mientras gotean parte de sus cerebros deshechos —Ingrese en su buscador “Accidentes de tránsito + mensajes de textos = mierda con sangre”, ingrese también “Programa gubernamental: Calles limpias 2013”—. No es algo nuevo y sin embargo; no logro acostumbrarme.

Corro a toda velocidad, tratando de alcanzar el auto negro que ha empezado a moverse hacia una vía alterna y de flujo rápido. El trozo de cartón que llevo colgado en el cuello salta de un lado a otro. Me abro paso entre la inmensa cantidad de autos que hacen sonar sus cornetas. Algunas personas lanzan una mirada rápida al cartel que llevo colgado y corren si sienten que estoy demasiado cerca. Todo pasa demasiado rápido. Al bordear una esquina, veo los autos ir a toda velocidad y entre ellos, un auto negro se aleja en el horizonte; el mismo que ha secuestrado a Emily.

—Emily está muerta —dice Roby que ha estado corriendo detrás de mí.

—No ayudas mucho, Roby —le digo mientras me rasco la urticaria en mi cabeza, arrancando trocitos de cuero cabelludo con mis uñas, ya que se me ha caído el cepillo de dientes.

—Regresemos, Rich —Roby se sostiene los pantalones con una mano y se arregla el trozo de cartón con la otra. Los ojos rojizos de Roby, enmarcados en hondas cuencas oscuras, me miran casi suplicantes—. Quizá mañana encontremos su cuerpo en la quebrada y podremos enterrarlo cerca del parque. A ella le gustaba jugar en el parque.

Quiero golpear a Roby por lo que dice. Quiero sacarle los dientes a puñetazos por insinuar tal cosa. Quiero hacerle decir: “Lo siento, ella estará bien”.

Me siento en la acera. La realidad nunca me ha molestado tanto como ahora. Roby tiene razón, el cuerpo de Emily aparecerá sin vida en alguna parte de la ciudad. La lanzarán de un auto en movimiento, completamente desnuda, golpeada, violada, muerta… No puedo golpear a Roby por decir la verdad.

Nunca me importó mi propio sufrimiento. Jamás me importó pasar frío o morir de hambre y francamente nunca me interesé por el bienestar de ninguno de los animales con los que convivo a diario; porque eso somos, somos animales callejeros, adictos a las drogas, prófugos de la justicia, delincuentes, rateros… La mayoría de nosotros merece esta vida. La mayoría de nosotros merece morir en las calles; pero no Emily, Emily es inocente. Ella no pidió nacer aquí. No pidió ser hija de una drogadicta tuberculosa y maloliente. Ella no pidió nacer para que un día fuese violada hasta la muerte.

Hace años que no lloro y no pretendo volver a hacerlo ahora. Emily ha doblegado ese monstruo que vive dentro de mí. Con su inocencia y ternura, ella me ha hecho sentir algo cuya existencia ignoraba.

Siento un nudo en la garganta. Mi mirada comienza a empañarse. El letrero en el pecho de Roby, ese que dice “Se la Chupo por comida” comienza a verse cada vez más borroso. Intento responderle, pero siento que las palabras se harán trizas antes de salir de mi boca.

Y no, no era de sexo de lo que trataba este relato, simplemente era otro de mis días.
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Edgeworth
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MensajeTema: Re: Perros de excremento   Jue Nov 16, 2017 2:20 am

Citación :
El hombre harapiento lleva un sombrero y va descalzo al igual que el resto de los presentes. Una pequeña astilla de madera sobresale húmeda de entre sus dientes amarillentos. Me mira a los ojos, parpadea con lentitud, escupe a un lado y dice que es mi turno. Una multitud de ojos tristes e inyectados en sangre observan el juego. Todos visten prendas viejas y sucias. Todos apestan a sudor rancio y alcohol barato. A mis pies y debajo de una plancha de vidrio, que quizá fuese de un ventanal en épocas mejores, se extienden una hilera de portadas de revistas viejas, pulseras, aromatizantes para autos, preservativos y algunos analgésicos.

El parágrafo que da comienzo al relato es sencillamente estupendo. Descripción rica, que consigue una imagen visual muy buena, sin llegar a estropear la narración.


Citación :
Asiento con la cabeza mirando al sujeto del sombrero. Hace frío y el cielo oscuro a medio día promete una tormenta agresiva. Las ráfagas de viento arremeten contra nosotros y nos agitan la ropa como si quisieran arrancárnosla. Rasco el pavimento con las uñas de los pulgares de mis pies. Paso la lengua entre mis labios. Me siento nervioso, ansioso, casi temeroso… Tomo la última moneda que me queda. Observo primero el mar de ojos rojos y macilentos que están clavados en mí y luego me enfoco en los objetos que se extienden bajo la lámina de vidrio.

En el primer párrafo ya se ve, pero aquí inicia una comunicación verbal y no verbal del protagonista con el entorno. Ya sea el escenario, o personajes secundarios. Me sigue gustando mucho la forma con la que encajas la narración y la descripción. Provocas, además, un ritmo algo pesado que no llega a pausarse.

Citación :
Roby es un hombre muy delgado, tan delgado que sus costillas parecen franjas de cebra que como canales profundos y sombríos, se dibujan en la piel de su torso.

Roby es un hombre muy delgado, tan delgado que sus costillas parecen franjas de cebra que, como canales profundos y sombríos, se dibujan en la piel de su torso.

Citación :
Llevo la moneda hasta mis labios y le doy un beso. No un beso común y corriente como esos de saludo en la mejilla, sino uno más húmedo, como una mamada tipo garganta profunda—Ingrese en su buscador de confianza “Las putas a través de los tiempos, manual para la de hoy”, ingrese también “Chupadas de un hombre solitario y sin costillas”—. Meto la moneda dentro de mi boca y saboreo el sucio metal jugando a lavarlo con mi saliva.

La tosquedad a la hora de tratar el tema del relato, la vida desnuda del ser humano donde la ética no existe; sólo el hambre y la cruda miseria: junto a la suciedad, mugre, la impureza.

Citación :
Podría decirse que el destino de algo que sube, es caer, en algún punto del tiempo y también podría decirse que tanto el destino como la gravedad, pueden retarse, ignorarse, o modificarse.

Si se me permite divagar, me parece que esta metáfora tiene mucho peso en el conjunto del relato, pues actúa casi casi a modo de sinopsis. Refleja de manera reducida todo el proceso lento y duro de putrefacción

Citación :
Emily debe tener nueve años o tal vez diez. Tiene los ojos grises y una mata de cabello castaño, grasoso, quebradizo y pegajoso. Emily vive en esta zona de la ciudad desde su nacimiento o eso he oído. Para cubrir el montón de huesos que constituyen su cuerpo, ella viste simplemente unas pantaletas, unas pantaletas que dejaron de ser blancas hace mucho tiempo.

El personaje de Emily es como el Lazarillo de Tormes al principio de su historia: una niña, la imagen de pureza e inocencia corrompida (o que no acaba de encajar bien) por un entorno en el que nuestra imagen de la infancia no tiene cabida. Tanto es así que a su corta edad trabaja, o por lo menos se gana el jornal ejerciendo la prostitución. No sé si es por mi visión de occidental, pero 9 o 10 años me parece un poco exagerado, y el personaje quedaría mejor de tener entre 13 y 14. Más realista, sobretodo porque a partir de ese tiempo es cuando ya tienen la menstruación por primera vez, y su cuerpo infantil va cambiando (y en este caso Emily aprovecharía ese cambio). No es por quitarle originalidad al texto, pero me parece muy enriquecedor que se nutra indirectamente de tradiciones literarias.

En líneas generales, al leer este relato me haces pensar en dos cosas:

En primer lugar en "Diario de una Golondrina", que si bien no trata los mismos temas ni tampoco usa el mismo tipo de narrativa, su lectura me provocó una angustia similar. Una falta de creencia, una falta de ética. Una realidad que asume que el mal puede existir en el mundo sin ningún tipo de contrapartida. La vida puede ser un sinsentido, una mierda a la que no hay que buscar una razón más allá de la humana.

En segundo, y relacionado con lo anterior, me recuerdas a las vagas lecturas que he hecho sobre el existencialismo. Corriente que dice, en líneas generales, que la realidad es vivida fundamentalmente mediante la angustia, a través de aquello por lo que el ser humano se da cuenta de su finitud y de su insignificancia. La angustia se presenta como el modo en que el ser humano accede al fondo último de la realidad. También cabe destacar que esta corriente surge en un período de entre guerras, donde la situación política y social eran extremas.

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MensajeTema: Re: Perros de excremento   Jue Nov 16, 2017 2:23 am

Ortografía, sintaxis y esas cosas:
 

Frases a destacar:
 

Hola JC.

Aunque he marcado muchas cosillas, el relatos está bastante bien narrado. Es descarnado, es dramático e irónico... Está genial. Me ha llamado la atención muy gratamente y me recordó a Welsh... De verdad es de lo mejor que te he leído y me ha sorprendido, muy, muy positivamente. Hay alguna que rematar o parchear, pero es oro puro el relato. Enhorabuena, JC.

Un saludete de Samuel.
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MensajeTema: Re: Perros de excremento   

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Perros de excremento

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