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 La caída de un sueño

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Alexander_Falcon
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MensajeTema: La caída de un sueño   Dom Ago 02, 2015 11:54 pm

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La caída de un sueño



Aquella mañana el capitán Alexei se levantó temprano, a las 6:00 am, como su rutina lo había acostumbrado; aun cuando aquel día no tuviese la necesidad de hacerlo. Se dio una ducha fría, se vistió con su impecable traje de oficial, luego se dirigió a su cocina  y puso a preparar el café a la par que dejó cocinando en el sartén un par de blinis. Se sentó entonces en su comedor y volvió a revisar la carta que había redactado hacía ya un par de semanas –aun cuando la hubiese leído infinidad de veces–, en la cual, cortésmente el cosmonauta Alexei Luzhin renunciaba a su cargo en el programa espacial de la unión soviética, cuya existencia ahora se resumía a un nombre escrito en papeles burocráticos de carácter inerte; hacia mucho que los proyectos especiales se habían suspendido al reasignar las prioridades financieras de un decadente estado soviético.

Aquella mañana no tenía ganas de nada, se sentía muerto, sin alma, como aquel soldado que cae en la desgracia, no de morir, sino de tener que ser testigo de la muerte de su bandera. Quiso entonces cortar con la melancolía de sus pensamientos ahogándolos en señales radiales, pero cuando encendió la radio en su emisora acostumbrada no escuchó otra cosa aparte de un silencio estático, tuvo que cambiar de dial hasta que sintonizó la emisora Radio Rossii, justo a tiempo para escuchar un desconcertante comunicado “oficial”:

“Camaradas, nuestra amada patria pasa por días oscuros. Nos enfrentamos a una tormentosa crisis nacional y ahora, nuestro amado líder Mijaíl Gorbachov, ha sido víctima de una enfermedad que le ha dejado temporalmente incapacitado. ¡Pero no tienen por qué temer! Nuestro vicepresidente Guennadi Yanáyev, quien ahora ejercerá las funciones del presidente de nuestra amada unión, se encargará de restaurar el honor y dignidad del hombre soviético, garantizando que el Nuevo Tratado de la Unión será discutido por todo el pueblo, que las calles de las ciudades serán purgadas del crimen y que se resolverán los problemas de escasez de comida. Al mismo tiempo, se asegurara a todos los compatriotas que se apoyarán los genuinos procesos democráticos…”

Alexei se sobresaltó, pero no tanto como lo hubiese hecho cualquier otro día. Tras desayunar, salió de su hogar y se dirigió a pie al ministerio general de ingeniería. Sin embargo, así él insistiera en mantenerse estoico a los acontecimientos de aquel día, la historia no renunciaría en su intento por involucrarle. Al pasar al frente del cuartel general de la KGB se topó de frente con su director, Vladímir Kryuchkov, que si bien era camarada de Alexei, nunca habían compartido la misma radicalidad en sus posturas políticas. Tras caminar un par de minutos juntos y comunicar su intención de renunciar a su cargo, Vladimir intentó disuadir a Alexei de que no lo hiciera, prometiéndole que pronto todo se arreglaría, que la unión soviética se levantaría de nuevo y, posteriormente, extendería su brazo sobre los confines inexplorados del universo, entonces necesitarían a un capitán tan calificado como lo era él.

Si bien dibujaron un burdo, falso y temporal esbozo de esperanza en su corazón, lejos de tranquilizarle, las palabras de Vladimir preocuparon al capitán; no tenía buena espina respecto a lo que podría significar “pronto todo se va a arreglar”. Decidió entonces cambiar su rumbo y dirigirse al parlamento de Moscú.

En las calles se sentía la tensión en el pueblo, ya no por los supermercados cerrados por falta de suministros, sino por la presencia de soldados y carros blindados recorriendo las calles de una ciudad pacífica. El rugido del motor de los T-80 instigaban a Alexei para que acelerara el paso.

Llegado al parlamento, la casa blanca rusa, Alexei vio a un grupo de gente arremolinada a sus afueras. En el centro de la multitud, sobre un tanque, se encontraba en discurso un grupo de políticos encabezados por su amigo, el presidente de la federación rusa, Boris Yeltsin, quien transmitía su mensaje al resto de la nación por radio y televisión.

Cuando tuvo un momento de descanso, Alexei se acercó a él para preguntarle por lo que estaba pasando.  Yeltsin se veía preocupado y enfadado, pero más lo segundo que lo primero.

“¡Una conspiración… una traición!”. Un grupo de 8 dirigentes del gobierno formaron un improvisado Comité Estatal para el Estado de Emergencia, con el que delegaron el poder del presidente Gorbachov y declararon un toque de queda. Ya habían intentado encarcelar a algunos dirigentes políticos que mostraron resistencia y el siguiente paso lógico sería tomarse el edificio del parlamento, del que el mismo Yeltsein no se movería.

Alexei no tenía el más mínimo impulso para interferir en un conflicto político de tal carácter, sin embargo, no quiso dejar solos a Boris ni a los demás políticos leales, a merced de una posible masacre efectuada por los conspiradores, por lo que decidió quedarse a proteger a su amigo, sin más soporte que la pistola que casi siempre cargaba consigo por antigua costumbre.

Un buen grupo de gente pasó la noche allí, Alexei casi no pudo dormir; nadie pudo dormir bien esa noche. Al día siguiente las cosas se pondrían más tensas.

Iniciado el 20 de agosto, desde por la mañana se fueron presentando voluntarios, muchos de ellos militares, armados y desarmados, con la intención de mantenerse leales y defender el parlamento al coste que fuese necesario. Se montó entonces un cuartel improvisado en el edificio. El ánimo de aliento en la casa blanca duró hasta que a las pocas horas, filas enteras de soldados de elite y tanques pesados se plantaron a poca distancia del edificio, enviados por el vicepresidente conspirador. En el parlamento no tenían forma alguna de enterarse de nada de lo que pasara afuera; la KGB los había dejado completamente incomunicados.

Sin embargo, tras escuchar el discurso de Boris Yeltsin el día anterior, se reunieron gigantescas multitudes en las plazas y calles cercanas al parlamento. Y aunque sintieron de nuevo un gran respaldo, los defensores del parlamento temían, ya no por ellos mismos, sino por la posible matanza que se pudiese desencadenar contra las masas civiles, aun cuando, de momento, los soldados se mostraran tranquilos, incluso amistosos mientras que los civiles les entregaban flores y los convidaban a beber vodka y cerveza.

La noche pasó sin permitir que nadie si quiera pudiese parpadear.  La compañía de tanques al mando del mayor Evdokímov, que había declarado su lealtad a los líderes del gobierno oficial y los habían acompañado hasta ese momento, tuvo entonces que retirarse; si los golpistas querían atacar, ese era el momento justo, sin embargo, nunca se dio la orden… eso o los soldados nunca la obedecieron.

Al día siguiente, los soldados se veían bastante desconcertados. Pasaron los minutos…  las horas, y ni un solo cuerpo se movió. Aquel día todos los disparos e impactos se efectuaron dentro de las almas y mentes de los presentes. Finalmente, ya avanzada la mañana, los soldados se retiraron.

Entonces todo el mundo celebró, todos menos Boris y Alexei, el segundo se acercó al primero para preguntarle qué pasaría ahora, Yeltsin guardó silencio un rato, luego le dijo que las cosas habían cambiado aquel día… ya no se podía conciliar nada, tan solo era, cuestión de tiempo. Ese era el fin.

En medio de la conmoción de los defensores del parlamento, Alexei respiró profundo, sopesó las palabras de Yeltsin y… regresó a su propia realidad, a su antiguo estado, justo donde había quedado antes de iniciar este pequeño y particular evento, solo que con una mayor certeza de los hechos esta vez. Se dirigió a su casa, subió a su coche y condujo lentamente por las solitarias calles de la ciudad en dirección a los suburbios. En las paredes se repetían, una y otra vez los mismos graffitis “la perestroika abre a Rusia al mundo; abre su corazón y lo desangra”, “Gorbachov traidor”, “Estonia y Lituania por fin libres… ¡Ucrania es la siguiente!”. Pronto llegó a lo que quedaba del antiguo Cosmodromo en el que alguna vez trabajó, se bajó y continuó su recorrido a pie. La humedad comenzaba a corroer los murales que hace mucho tiempo alimentaron los sueños de muchos hombres, en uno de ellos se distinguía a un hombre y una mujer, vestidos con sus trajes de astronautas y sujetando sus cascos mientras admiraban el extenso horizonte de un Marte en proceso de terraformación.

Allí no quedaba nada de lo que alguna vez fue. El musgo crecía sobre las paredes. Los perros ferales descansaban entre los escombros. Los vagabundos buscaban entre la chatarra algo de valor que pudiesen aprovechar o reciclar, ya fuese el fuselaje de un modulo espacial o de un avión  de alta gama; no tenía importancia, se fundiría para convertirse en  latas de conserva, cierres de cremallera o con suerte, un pequeño juguete en forma de nave espacial.

Al final de su recorrido, el joven capitán se aproximó a un grupo de vagabundos que se calentaban y cocinaban su comida en el fuego producido por un barril con fuego, estos apenas y le determinaron, más no le discriminaron de ninguna forma, –a pesar de que este llevara puesto su traje de oficial–. Levantó el sobre que le había estado acompañando durante todos estos días y arrojó su carta de renuncia al fuego, dejando que por un instante aquellas brazas se apoderaran de su mirada perdida, luego se retiró.

Alexei volvió a su carro y del baúl sacó una soga, sin molestarse en cerrarlo de nuevo, dio una caminata por el bosque cercano, respirando el aire despejado de aquel lugar. Finalmente se detuvo en un árbol, trepó a él, amarró la cuerda a la rama que se veía más robusta, formó un nudo sobre su cuello y se lanzó. Tan pronto como la cuerda se tensó, la rama crujió y en un instante se rompió, arrojando a aquel pobre diablo directo al suelo. Sentado sobre la tierra, con poco más que un fuerte dolor en el trasero y una quemadura en el cuello, Alexei sé quedó allí por unos segundos y luego comenzó a llorar, porque además de la rama, muchas cosas se habían roto hasta ese momento… y muchas se seguirían rompiendo. Porque más allá de la triste historia de aquel cosmonauta, comenzaba a oscurecer en su crepúsculo el día que acogió los sueños de medio mundo.

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Fresia
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MensajeTema: Re: La caída de un sueño   Mar Ago 04, 2015 4:12 am

Wow.
Psssss. La verdad que cuando Edge te propuso ese reto te di por perdido, pero voilá, qué equivocada estaba. Me sorprendiste totalmente, Alex. Admiro muchísmo cómo llevás el escrito de una manera uniforme y madura sin perder tu toque y el objetivo del reto.
Debo admitir que no leí el spoiler antes, porque no quería condicionar mi lectura jajaja, pero sí te lo corregí y lo puse en el post, como pediste que lo hiciera.
Sonreí en algunas partes, más que nada cuando veía lo frustrado que estaba el cosmonauta, como no sabía de qué iba el texto -porque no leí el spoiler- pensé para mis adentros ''este Alex metiendo siempre su jodida ciencia ficción XD'' jajaja, así que creo que la idea satírica sí estuvo bien representada. Esto del ''tono burlesco'' era lo más difícil de lograr a mi entender, ya que el resto sí lo conseguiste de manera precisa. No sé realmente si habrás tenido que inmiscuirte en temas históricos y leer al respecto para escribir este texto, pero te quedó precioso, y muy maduro. Tiene su tinte literario, y eso es lo más importante de todo a la hora de hacer un texto realista/experimental.
Hm... hay un par de cositas que me gustaría hacerte unas observaciones si no te molestan

@Alexander_Falcon escribió:
cocinando en el sartén un par de blinis
Me gustaría que ''blinis'' estuviese en cursiva, más que nada porque no sé qué es y porque como considero que es un término ruso sería interesante que estuviese en cursiva

@Alexander_Falcon escribió:
unión soviética
Ignoro totalmente si esto va con mayúsculas, pero creo que sí. Y también van algunas mayúsculas en otros ''entes'' de tu texto, tendrías que chequearlo.

@Alexander_Falcon escribió:
La noche pasó sin permitir que nadie si quiera pudiese parpadear
''siquiera'' va todo junto.

Sobre el final...push, me dolió en el alma esa frustración. Pobre hombre.
Es interesantísimo leerte por estos lares, Alex :)
¡Bonito texto!
Bien logrado.
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Arendar
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MensajeTema: Re: La caída de un sueño   Mar Ago 04, 2015 7:13 pm


Hau, Sir Falcon,

Yo también aventuré que de este reto saldría un texto bastante más soso, pero has sabido encajarlo con profesionalidad y has creado un relato bastante completo. Se siente como una pieza, no tiene rupturas y consigue llegar al lector (aunque con la fuerza del narrador en primera persona podrías haber buscado empatizar más con el lector). Has hecho un buen trabajo. Eso sí, ten cuidado con la puntuación, tienes bastantes fallejos.

Saludito.
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Alexander_Falcon
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MensajeTema: Re: La caída de un sueño   Miér Ago 05, 2015 11:44 pm

totoro totoro totoro ohh que gratas visitas!

@Fresia corazón me alegra que consideres que haya cumplido con el mensaje que tenía que transmitir, y que te haya gustado tanto :D Con lo de blinis tienes razón… mmm incluso podría ponerle una nota de pie de página para aclarar que es. También llevas razón con lo de la Unión Soviética y “si quiera”, gracias por hacérmelo ver :D

@Arendar compañero! Gracias :) releeré el texto mirando lo de la puntuación. Respecto a lo de la primera persona, fue algo que se me restringió en las exigencias del reto :P al igual que los diálogos.

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