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 {El Merodeador}

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AutorMensaje
Anaïs Duchess
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MensajeTema: {El Merodeador}   Jue Jun 27, 2013 5:40 am

...Camión de Mudanza Duchess.
Spoiler:
 





El Merodeador.


Muchas veces ha sido el protagonista difuso de nuestras historias de terror.
Muchas de esas historias se han tejido entre las telas de araña de sus vértices..



Cuando la mañana se hace noche y el cielo está tan encapotado que no deja ver los rayos solares, me gusta salir a caminar. Me gusta cuando el clima esta tan frígido que el viento no solo congela las células de tu piel, sino que también cala y penetra hasta llegar a  tus huesos mismos; haciendo que el tiritar de tus músculos y el rechinar de tus dientes sea vuelvan como los arpegios de moda. Levanté el rostro e inhalé profundamente el gélido viento. No tuve que esperar demasiado para sentir cómo el soplo ártico abofeteaba mis mejillas y las tornaba de un intenso tono rosa.

El resbaloso piso de la acera no me dejaba avanzar con la velocidad que quería. Desde hacía unas semanas, todas las mañanas se habían visto adornadas con un chubasco y hoy no fue la excepción, ¿Por qué lo sería? El sonido de las gotas de lluvia traqueteando  sobre el suelo formaban una sinfonía gloriosa y húmeda. Mis pasos, terriblemente torpes se volvían a tropezar con alguna piedrilla o hueco de la acera. ¿Acaso podía ser más lerda?  

Estuve a punto de caer una, dos o tres veces, pero no lo hice. Me las ingenié para que mi trasero no se porraceara contra el asqueroso piso enlodado. El camino desde casa era largo y un poco pesado. Generalmente, cuando salía sin tener en mente un lugar fijo al que llegar, terminaba abriendo las mismas puertas a dos aguas de hierro. Hoy era la excepción. No iría porque mis pasos me llevaran, no. Hoy iría, porque debía estar allí. Sonreí mientras observaba el letrero: Av. Flores de Alcauto y Calle Cepeda.

Abrí la puerta negra con mucho cuidado, no quería emitir un sonido chirriante y ensordecer  que molestara a las personas que estuvieran alrededor, mas fue imposible. Aquel vejestorio no tenía ninguna buena fe y hacía sufrir los oídos de quien estuviera entrando, saliendo o demasiado cerca para que sus ondas abrigaran. Caminé un poco por el pasadizo principal. Me topé con el portero, parecía estar haciéndolas de jardinero nuevamente. Su espalda curvada, sobresalía por encima de un bloque de marfil tallado, dando la impresión de ser familiar del jorobado de Notre Dame. Hice una mueca y él levantó la cabeza.

—Buenos días, señor Henry —Saludé.

—Como sea —murmuró él en respuesta.

Sabía que se alegraba de verme por el repentino y fugaz brillo en sus ojos cansados; pero el infierno podía congelarse antes que él lo aceptara. Me encogí de hombros.

—Bonitos lirios —Adulé, mientras seguía el camino plomo marcado.

Pude sentir el ruido de la pala clavada sobre la tierra. Sabía que me había quedado observando mientras miraba con los ojos empequeñecidos y negaba fuertemente con la cabeza.

Así son los ancianos: niños pequeños que buscan la atención de los demás de cualquier manera; a veces donando las últimas dosis de afecto que tienen y otras, como a ésta, buscando la manera de salvaguardar el estereotipo de ermitaño ogro asesino de niños.

Aquel pensamiento me hizo sonreír.

Guardé mis congeladas manos en los bolsillos de la chaqueta y  levanté la vista. Dentro de algunas horas el sol se escondería y el cielo encapotado no dejaría ver las luminosas estrellas del firmamento; una verdadera lástima.  Parecía una gran masa gris, sin chiste, sin gracias.

Suspiré.

Por el camino gris, fui recogiendo ramos de flores caídos, floreros, velas y saludando con la cabeza a muchas de las personas que estaban allí. Pero era curioso, ya que para  ser domingo por la mañana y ser un pueblo de tradición, el aforo del lugar estaba desconsideramente desértico; pero eso me da lo mismo. No soy funcionaria del cielo, ni del infierno para hacer una encuesta de las visitas, y, en fin… No sé ni por qué pienso al respecto.

Ocupé mi lugar de siempre, frente a la gran figura hecha de mármol.

Carlos Fults, profesor de dibujo y pintura de la Escuela de Bellas Artes de Brems; era un imbécil redomado. Un marrano insano e hipócrita; pero con excelentes ideas para tareas, debo reconocer. Nos había enviado a buscar la escultura que nos resultara más llamativa y debíamos bocetarlo en un lienzo claro.

Escogí “El llanto del Ángel”, hecho por un autor local. Una bella estatua de un ángel sin rostro que solloza sobre la lápida de una niña llamada Emelyn; Emy Stone para los amigos. La hija del escultor.

Me senté sobre el gras y miré alrededor. Muchas de esas lápidas fueron hechas por Andrew Stone, el autor de aquella obra de arte. Cada una tenía una historia propia, una concepción y la afinidad con su difunto dueño. La de Ricard Ledgard y su esposa era una bella pareja de ángeles, uno terrestre y la otra divina, que unían sus labios en un esplendoroso beso. Muy bonita, muy romántico, muy Ledgard.  

Los huéspedes de la última morada no podían quejarse, se dio cuenta. El ancianito gruñón buscaba siempre la manera de tener a todos contentos y en buenas formas, con las lápidas pintadas para que no se olvidara a su dueño y las bellas figuras de mármol limpias, perfectas y conservadas. Era por eso que casi todos querían dormir el sueño de los justos en ese lugar.

El chubasco que hacía unas horas había comenzado a caer; estaba cesando. Por fin, luego de mucho esperar, podría hacer el dibujo de la estatua que quería inmortalizar. Hubiera sido más fácil tomarle una fotografía y llevarla a casa; pero siempre que intentaba hacerlo, algo pasaba con la dichosa foto: se borraba o estaba un poco desenfocada y no se notaba  correctamente. Desistiendo a aquello, decidí que lo mejor sería hacerla en vivo y en directo.

De la mochila que llevaba, saqué las cosas que necesitaba para poder hacer el dibujo: un cuaderno de cartulinas blancas y un lápiz de carbón negro.

Observé la estatuilla, intentando ver por donde comenzar y el tiempo se me pasó intentando encontrar el por qué el ángel no tenía rostro. No era de ese tipo que tuviera una mirada dulce y perfección en las líneas faciales, no. Lo que más resaltaba del ángel era su forma casi humana. Los rizos de su frente que daban la impresión de ser esponjosos, la estructura de sus hombros y la suavidad aparente de su piel. Comencé a realizar algunos trazos básicos de medidas. Luego, a detallar la ubicación de sus miembros, de sus alas y de otras cosas que alrededor me parecían interesantes. Cuando entablé con los detalles me di cuenta, por el rabillo del ojo que algunas sombras se movían detrás de mí. Seguro que el viento estaría moviendo las ramas de los árboles y no le di importancia.

Luego de muchos trazos y concentración total, di un suspiro.  

Iba a comenzar a jugar con las sombras y un pequeño resplandor me resultó llamativo. Levanté la cabeza y observé alrededor. La Luz se había ido. Miré la hora y  pude notar que eran pasadas las ocho. ¡Vaya que se me había pasado la hora! Me faltaba tan poco para terminar que era un desperdicio volver al día siguiente, sobre todo por la constante llovizna que estaba cayendo esa semana, así que decidí quedarme. Minutos más, minutos menos…

Coloqué el lápiz negro en el lugar preciso para hacerle sombra en la parte del cuello y en luego en las alas. Algunas líneas necesitaban definirse más y mientras eso hacía, un halo de intranquilidad comenzó a abrazarme. Observé alrededor por entre las pestañas y lo que vi casi me produce un paro cardíaco.

Una niñita, pequeña y muy bonita me observaba atenta. Su aura dorada salía a borbotones con una gran irradiación. Seguí definiendo las líneas de las Alas compungidas del ángel. Fui consciente de cómo de muchas de las lápidas comenzaban a salir esferas doradas y brillantes; cegadoras.  
Una mujer merodeaba por allí, con un vestido negro y largo. El sonido de cascos al galope de dos o tres caballos se escuchaba a lo lejos como el soundstrack de una película de terror. El hombre del sombrero de copa que había muerto ahogado en los años treinta pasó por mi lado, observando atentamente el qué tenía en las manos.

La piel se me escarapeló, perdí color y abrí la boca para emitir algún sonido; pero nada salió de allí. Estaba muda, lela y todo lo que pasaba ante mis ojos era sorprendente. Dejé de marcar en el dibujo y muchas de las figuras que estaban formándose comenzaron a desaparecer y con ellas la sensación de sentirme observada, junto con el halo de miedo.  

Confusa y no demasiado segura de lo que había observado antes, volví a marcar el dibujo. La sensación de ser observada comenzó a escalar en intensidad; pero no solo eso, también comencé a observar que alguien o algo, descansaba su mandíbula huesuda en mi hombro. Me paralicé.
Una parte de mi quería salir disparada de allí y otra, una aventurera y estúpida se resentía a moverse. De repente, sentí que todas esas luces se dirigían hacia mí y me costaba ingresar el aire por mis pulmones para respirar. Sentí pesadez, como si mi cuerpo pesara trescientas toneladas y estuviera a punto de caerse sobre el suelo. La pequeña que observé en un inicio se acercó y puso su índice en la mitad de mi frente.

El sentimiento de abandono que me sobrecogió fue espeluznante. Comencé a llorar al sentirme completamente sola, afligida y desatendida por mis seres queridos. No sabía lo que pasaba, pero las lágrimas seguían desfilando por mis mejillas como en un repentino carnaval. Vi un incendio, y llorar a una mujer con tan desesperación que me partió el corazón.

—¡¿Qué es esto?! —grité sofocada por ese sentimiento. Y escuché cómo la mujer gritaba por su bebé. Un bebé que se estaba quemando en la cabaña incendiada.

La mujer se venía acercando a mí, comencé a sentir nauseas y mareos tan fuertes que pensé que me desmayaría en cualquier momento. El aroma a quemado ardía en mis fosas nasales, aún cuando la conexión entre nosotras se cortó. El mundo dio vueltas a mis pies y coloqué las manos en el gras para evitar irme de bruces. ¡Dios!

Era el turno del tipo del sombrero de copa se acercó y colocó una mano sobre mi hombro. Concebí angustia, muchísima desolación y logré comprender lo que él había pasado. St. John se había suicidado porque su esposa estaba a punto de abandonarlo. Lo había encontrado en comprometedoras escenas con la enfermera del hospital y al no poder resistir perderla, se suicidó. Se disparó en la mitad de la sala de su casa. Un dolor intenso se profundizó en mi nuca, como si una bala dumdum hubiera ingresado por mi frente para hacer florecer un floripondio.

Otra mano cogió mi rostro y aprecié calor. Sentí muchos gritos desesperados. La caballería de un ejército que estaba entrando al pueblo y destruía todo a su paso. Una espada filosa perforó mi abdomen. La sensación de estar desangrándome no tardó en llegar. La vista tampoco tardó en nublarse mientras muchas manos comenzaron a compartir conmigo sus recuerdos.

Gritos.

Caos.

Llantos.

Me cogí el vientre al sentir el dolor de una violación.

—¡Basta, no, no lo hagas! — Escuché gritar.

Sentí miedo.

Sentí maldad.

Sentí tantas cosas que las lágrimas que de mis ojos se desprendían no podían contener todos aquellos sentimientos. Comencé a manotear, intentando alejar “ese coso” de mí y en medio de la catarsis de aquel sifón arrollador de historias; me desmayé…


Última edición por Anaïs Duchess el Jue Jun 27, 2013 8:14 am, editado 1 vez
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Betucha
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MensajeTema: Re: {El Merodeador}   Jue Jun 27, 2013 7:50 am

Hola Ani :3

@Anaïs Duchess escribió:
haciendo que el tiritar de tus músculos y el rechinar de tus dientes sea vuelvan como los arpegios de moda.
"de tus dientes se vuelvan como los..." se te fue una "a" demás allí.

@Anaïs Duchess escribió:
Abrí la puerta negra con mucho cuidado, no quería emitir un sonido chirriante y ensordecer
Creo que quisiste escribir "ensordecedor" porque así com oesta la oración me suena algo extraña.

Dejando eso de lado, la historia me ha gustado, no le he visto mucho terror pero sin duda pertenece a esta sección, el principio y el desarrollo me parecieron muy calmados y detallados me gusto mucho eso, cuando te pusiste a hablar de las escrituras me has sacado una sonrisa con eso de la estatua de los dos esposos, algo romántico y muy bello.

Las partes finales me gustaron, las regresiones que tuvo con los espíritus y las muertes que tuvieron y las razones para estas me han gustado, me han llenado mucho y han complementado el relato, pero... el final para mi es muy abierto, no sé que pensar, lo dejara así tal cual tu lo hiciste y no pensaré en lo que pudiese haber seguido.

Ha sido un gusto leerte, Ani, y fue algo nuevo leerte por aquí, me ha gustado.

Besos y Abrazos
Betu *w*
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Anaïs Duchess
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MensajeTema: Re: {El Merodeador}   Jue Jun 27, 2013 7:52 pm

Ops. Eso lo veré ahora.

Me alegro que te haya gustado, cariño.

El punto generalmente de los finales abiertos es dejar que el lector le de su propio final. De acuerdo más a sus gustos y a sus preferencias. A veces resulta un final poco llamativo para el mismo porque no le da un camino que seguir, pero a la vez, puede gustar.

Un beso.
Gracias por pasarte.
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BlackSnake
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MensajeTema: Re: {El Merodeador}   Jue Jun 27, 2013 8:12 pm

Hola Anaïs. Bien yo ya había leído y comentado este relato en el anterior foro, pero he decidido volverlo a hacer esta vez.

Me ha gustado bastante en general, especialmente por el toque de "los azules" que le habías dado, aunque esto último ya esté en el pasado "yo espero que no". Ha sido muy agradable la lectura, y de hecho solo encuentro algo que puedo interpretar como un error tipográfico "El aroma a quemado ardía en mis fosas nasales".

El final fue algo triste, una muerte algo cruel sin necesitad de describir escenas como se hace en el gore.

Un saludo.
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Jorobado
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MensajeTema: Re: {El Merodeador}   Sáb Jun 29, 2013 3:11 am

Hola Anais.

El texto me engancho enseguida. Me gusto como se arma de a poco, empezando suavemente, y alcanzando el clímax de forma abrupta.

Con respecto al final, me parece que el final es perfectamente valido, sobre todo en este tipo de relatos.

Ah, y al parecer me encontré con un familiar desconocido XD

Citación :
Su espalda curvada, sobresalía por encima de un bloque de marfil tallado, dando la impresión de ser familiar del jorobado de Notre Dame

Un gusto leerte, Besos
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Anaïs Duchess
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Revisor de manuscrito
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MensajeTema: Re: {El Merodeador}   Dom Jun 30, 2013 7:55 am

Blackiee

Ya sabes... mis textos siempre tienes esos toques azuletes, no puedo evitarlo.
Que bueno que es tenerte también por acá, jojo...
Uy, que bueno que me avisas. No me había dado cuenta ;)

Interesante interpretación del final.
Me gusta.

Citación :
El final fue algo triste, una muerte algo cruel sin necesitad de describir escenas como se hace en el gore.

Señor Bado. ( eso de Jorobado, me parece demasiado formal XD )

Gracias por la lectura y que bueno que te haya gustado. ;)

Siempre un placer leer sus percepciones de mis textos.
Un beso y media pastilla de caramelo.
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MensajeTema: Re: {El Merodeador}   

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{El Merodeador}

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